Construcción de identidad


Al construir nuestra #identidad, aparece una dificultad: hablamos desde nuestro personaje, que tiene elaborado un discurso engañado, liderado por nuestro “yo consciente”. Este es un obstáculo, ya que el “personaje” es ciego, se da la razón a sí mismo. El “yo engañado” no toma en cuenta otra perspectiva, por eso, entre todos los “yoes”, es el que menos comprende cómo son las cosas objetivamente. El “yo engañado” tiene miedo de asomarse al otro lado, porque sabe que tendrá que quitarse las máscaras que lo mantienen cómodo en su refugio de cristal. Básicamente, la función del terapeuta es mostrar los beneficios y también las desventajas de cada personaje, porque el costo es algo que sentimos pero que no podemos detectar con claridad. Otro objetivo interesante es que nos ayude a traer la voz del otro, sea quien sea ese otro: nuestro hijo, marido; y agregar ese punto de vista. Una vez que todos tienen voz y voto en este escenario y observando el panorama completo en el que estamos involucrados, preguntaremos: “¿Y ahora qué hago?”. La respuesta honesta de nuestro psicólogo será: “no lo sé”.
Lo que sí puede hacer el terapeuta es ayudarnos a trazar caminos que sea integradores de los aspectos que nos negamos a ver. Para eso, es preciso entender que nuestro personaje, tiene la necesidad de permanecer allí escondido, ver los desafíos que tenemos por delante al ver los puntos de vista de los otros. Sólo entonces podremos decidir si moveremos alguna pieza o no, a favor de todos. Esa es una decisión personal y no le compete al terapeuta. En todo caso, si decidimos arriesgarnos y cambiar, el terapeuta podrá acompañar esos movimientos.
¿Es así de fácil? ¿Se construye la biografía humana y luego ya somos capaces de hacer movimientos que nos traigan mayor felicidad? No. Pero -desde mi punto de vista- no podemos pretender encontrar soluciones a nuestros problemas sin saber primero, cuál es el personaje que actuamos, sin tener claro el discurso de nuestro “yo engañado”, sin comprender el nivel de #miedo frente al abismo de abandonar el refugio que nos da identidad.
La metodología para la construcción de la biografía humana con la intención permanente de revisar los discursos engañados, requiere entrenamiento, empatía y experiencia. Es un trabajo ingrato. Porque generalmente los terapeutas nos encontramos con realidades mucho más hostiles, y feroces de lo que imaginaban los pacientes antes de iniciar este proceso. Estamos en condiciones de asegurar a quienes deseen emprender este camino, que buscar la salud mental siempre es doloroso. Pero permanecer ciegos duele mucho más.