Individuo y espacio físico

El análisis de la interacción individuo-espacio físico desde la arquitectura y urbanismo debe vincular necesariamente la generación e interpretación de simbolismos e imaginarios propios de la psicología individual y psicología socio-cultural. La capacidad significante y/o de evocación comunicativa del espacio desde el individuo constituye un proceso de apropiación y vivencia del entorno. En este sentido, Vidal y Pol (2005), proponen q una vez este espacio se encuentra “apropiado por el sujeto” desarrolla un papel fundamental en los procesos cognitivos, afectivos, de identidad y relacional. Así, el entorno puede explicar dimensiones del comportamiento más allá de lo simplemente funcional.

Valera (1996) señala dos posibles aproximaciones;  Simbolismo inherente a la percepción de los espacios: dónde el significado se puede derivar de las características físico-estructurales, de funcionalidad, y de interacciones, donde se enfatiza la percepción del entorno en cuanto a su posibilidad de uso. Y en segundo lugar, Determinación del Proceso según el cual un espacio se carga de significado: aquí se incluye la apropiación intrapersonal. Mediante este dinamismo en interacción el espacio se carga de significados y es percibido como propio, por lo que el sujeto integra como elemento representativo la identidad personal y la creación del sentido de lugar, lo que sin duda incidirá también en su estilo de  interacción socio-cultural, uso y disfrute. Sólo decir q la sociedad, el espacio y la materialidad no son dimensiones diferentes, sino que se coproducen y cotransforman en constante interacción. En este contexto, el sentido de enraizamiento al lugar -en los cuales sostengo que hay implícito un mensaje y, por lo tanto, un proceso de comunicación, representa afectos, emociones, creencias, pensamientos, acciones y conductas; q se relacionan en sincronía con las variables del lugar, los actores, las relaciones sociales y el tiempo.