Sobre el amor

El amor es un estado que no se puede conseguir o provocar, sino más bien es algo que sucede y que traemos en nuestro interior desde que nacemos. Lo traemos de serie.

 

Pero no es algo que esté fuera o que pueda obtenerse del exterior, sino que es algo que está en nuestro interior y que, a menos que lo descubramos, nos pasaremos la vida como seres desdichados mendigándolo a todas las personas que nos rodean, ya sean parejas, hijos/as o amistades.

 

Nos ataremos a una pareja para que nos lo dé. Convertiremos a nuestros hijos en el centro de nuestra #felicidad. ¡Menuda carga y sufrimiento para ambas partes! Exigiremos a nuestras amistades muestras de atención constantes. Buscaremos fuera. Desconfiaremos del amor, no seremos capaces de encontrarlo en nada ni en nadie, seremos ciegos/as a su brillo, jamás tendremos suficiente y concluiremos que es un sueño sólo al alcance de muy pocos/as. O incluso afirmaremos tajantemente que no existe.

 

Correcto eso de que somos incapaces de reconocer el amor, porque donde normalmente nos movemos es en el querer, en ese algo que va de fuera hacia dentro, mientras que el flujo del amor es algo que nace en el interior y se desborda hacia lo que nos rodea.

 

Muy bien, a lo práctico. ¿Y si es algo que está en mi interior, que es seguro que lo tengo? ¿Cómo puedo arrancar toda la mala hierba de mitos, miedos y creencias dañinas, erróneas e incapacitantes y sacarlo de nuevo a la luz?

 

Aquí van algunas herramientas para desarrollarlo:

 

Estar en lucha con las demás personas y con la vida no es más que una evidencia de nuestra propia batalla interna. Las exigencias, los juicios, las críticas, y, en definitiva, la manera en la que nos comunicamos y relacionamos, no son más que el reflejo de cómo nos tratamos a nosotros mismos. Cuando nos permitimos reconocer nuestros gozos y nuestras sombras, aceptamos a quienes nos rodean y las relaciones son más fluidas y respetuosas.

 

Aceptar no significa quedarnos en el sofá. Pero tampoco significa reaccionar como si se nos activase un resorte automático. Aceptar significa poner atención a lo que está ocurriendo en nuestro interior y dejarnos un espacio para poder observar nuestros pensamientos y emociones, conectarlo todo, darle coherencia y decidir con serenidad y libertad qué es lo que deseamos hacer.

 

Podemos actuar de la manera más saludable y equilibrada posible al momento de vida en el que estamos y a las situaciones que nos toca vivir. Esto es diferente a la resignación. En la resignación hay indefensión y pasividad. En la adaptación hay un componente de #proactividad y una claridad que nos lleva a actuar y a responsabilizarnos de nuestras decisiones.

 

Nadie puede dañar a nadie, de la misma manera que nadie es responsable de hacer feliz a nadie. Al igual que el amor, la felicidad es algo que sucede en nuestro interior… si dejamos que suceda. Somos nosotros quienes nos dañamos con las interpretaciones que hacemos de lo que nos ocurre o de lo que los demás hacen o dicen. Esto no quiere decir que la otra persona no tenga su parte de responsabilidad, ya que el vínculo es entre dos. Pero si tú has hecho algo, seguramente yo he dejado de hacer algo para evitarlo y cuidarme, o no he sabido marcarte un límite claro.

 

Las diferencias nos enriquecen. Cada persona tiene su propia verdad y su propia realidad. ¿Para qué esas discusiones buscando imponer quién tiene la razón ? ¿Para sentirnos más fuertes? ¿Para sentirnos aprobados? ¿Para afirmarnos?

 

Es posible que nunca relacionáramos ninguna de estas herramientas como instrumentos para dejar aflorar el amor. Te invito a que lo pruebes y a que verifiques cómo cambian tu vida y tus relaciones. Pero, ya sabes… ¡Sólo si te apetece!